EL 18 y 19 de octubre de 2014 en el FESTIVAL DE LA PALABRA

Participé en el Taller de Literatura Fantástica del Festival de la Palabra en San Juan. De las muchas actividades, sólo pude ir a esta. Escogí este taller, por necesidad de avivar el amor a la escritura, aprender y compartir nuevas ideas. Cumplí mi cometido. Nuestro Orador YOSS, de primera impresión, me pareció un personaje de algún video de metálica de los años 80’s. Aunque yo no exagero en su apariencia (tengo fotos para demostrarlo), no le quito mérito a su conocimiento, fue muy directo, serio y apasionado sobre el tema. Él es quién es, no importa qué, lo cual es admirable.

Llego 15 minutos tarde, para no romper la tradición latina de no llegar a tiempo… buena excusa. No hubo introducción sobre su persona, no sé si por que se suponía fuera obvio o por humildad, así que utilicé el Oráculo (Google), para saber más de mi Orador. Su verdadero nombre es José Miguel Sánchez, Cubano, adoptó su nombre YOSS luego de ganar el prestigioso Premio David de Ciencia Ficción por su libro de cuentos “Timshel”. El cual no he leído, pero lo voy a añadir a mi listado de libros por disfrutar. Su biografía la pueden ver en restlessbooks.com, la página de su casa editorial.

A pesar de verlo muy serio, me atreví a saludarlo personalmente y hacerle algunas preguntas, luego de la primera sesión. Por su expresión, sentí que mis preguntas fueron algo sospechosas al ser tan ingenuas. Le pregunté si tenia algún Blog, resulta que no. En Cuba, el internet es casi inexistente y muy lento para su gusto. Además los Blogs conllevan mucho trabajo e interfieren con lo que desea hacer. Él viaja continuamente, dando charlas en Festivales a travez de Latinoamérica. Según él: “vive del cuento”. Aunque no logré arrancarle una sonrisa, fue muy amable. No me atreví a seguir hablándole, ya que lo estaba retasando para las otras actividades de la tarde.

Al segundo día, al final del Taller. Expresó sorpresa ante la creatividad y avidez del público, porque juntos, en un ejercicio de creatividad, creamos el principio de un mundo tan fantástico, que fue una pena no pudiéramos terminar. También es una pena que no hubiera más personas, espero qué el próximo año pueda ver más participación. Pude compartir brevemente con los asistentes, descubrí que no era la única que amaba las páginas, los cuadernos, el olor del papel. El sonido del trazo de la tinta, la forma, el temor de arruinar un buen cuaderno. Otros como yo, tenían una colección de libretas, cuadernos, papeles, no utilizados, son reliquias.

Este tipo de Talleres, estimulan la creatividad e interacción entre personas que ordinariamente, pensaríamos no ser compatibles. Desearía poder haber asistido a más actividades del Festival. El próximo año vuelvo y los invito a que participen también.IMG_0016.JPG

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CULPABLE

Tenía una sensación rara en el pecho, sentía que algo iba bien. Estaba esperando en el carro por mi hermano, en lo que él arreglaba un asunto de “hombres” en la ferretería… cuando vi por el espejo retrovisor como unas manos jóvenes tomaban entre sus manos un arma de las manos de un hombre mayor. No vi los rostros, pero me aterroricé, busqué alguna salida de emergencia… Demasiado tarde.

El joven se acercaba por la puerta del conductor, la cuál no tenía seguro. Cerré apresuradamente la ventana. No podía escapar por la puerta del pasajero, estaba bloqueada por un muro.

El auto de mi hermano es pequeño, solo tiene 3 puertas, dos al frente, una atrás… el baúl, el cuál daba acceso a los asientos de al frente.

Mi hermano fue tan descuidado de no ponerle seguro al baúl, el joven se introdujo por allí y me amenazó con el arma.

– ¡El dinero o la vida!- su voz fría me paralizó los sentidos por unos segundo.
– ¡La vida!.- respondí en un arranque impulsivo lleno de furia. Él no dudó, no titubeó, escuché que presionaba el gatillo del arma…

Sentía furia, ¿de qué?. Decenas de personas estaban viendo como me asaltaban como si fuera una película de horror muy lejana a sus realidades. ¿Qué pensaba?. Absolutamente nada, la furia me cegaba y brotaba de mi como un manantial de lava y azufre. No sentí temor hacia la muerte y el joven no demostró compasión de mí al decidir presionar el gatillo, dispuesto a matarme,

Soltó el gatillo… ¡Nada!, el arma estaba descargada. Sin pensarlo un instante, me arrojé encima de él. ¿Cómo?. Aún no me explico, pero él quedó tan perplejo que no se atrevió a defenderse. ¿Qué pasó?… ese joven que me asalto con intención de matarme, era mi mejor amigo.

Hacía tres años que yo no lo veía, me costó darle unos cuantos golpes y bofetadas antes de darme cuenta de que ese ladrón que me miraba entre asustado y perplejo fue en noveno grado mi mejor amigo. Nos graduamos juntos, ¿cómo es posible?, él casi vivía en mi casa… hicimos tantas travesuras juntos que ni cuando estábamos dormidos nos creían inocentes. Con el compartí las lágrimas de corazones rotos, las risas, triunfos y fracasos. Ahora, casi me quita la vida por… ¿dinero?.

Mi alma, mi corazón y mi cerebro congelaron esos recuerdos, mis sentimientos. Lo arrastré fuera del carro, no se defendió, lo sujeté por las manos, comencé a pedir ayuda al guardia de seguridad del centro mientras la gente seguían aglomerados, comentando, sin tratar de ayudar, sólo contemplando.

Vi al guardia escabullirse entre la gente, huyendo, para no enfrentarse a la situación. Al fin, una señora se ofreció a ayudarme, me dijo que lo sujetaría hasta que yo encontrara a algún policía. Pero inmediatamente que di la espalda, lo dejo ir. El salió corriendo, me fui detrás de el. No pensé en consecuencias, lo único que quería era alcanzarlo. Corrió para perderse en unos almacenes vacíos, entre cajas y laberintos de basura, por pura suerte lo encontré.

– ¡Para!- le grité casi sin aliento
– No me entregues por favor. ,¡No sabia que eras tú!- me suplicó. Mi corazón dio un vuelco inesperado, un dique de aguas turbulentas arrastrando emociones y recuerdos. Estábamos solos, él y yo.
– ¡Casi me matas!, y me dices, ¿es que no sabias que era yo?. ¿Mi vida vale mas que la de otros?. ¿La vida vale menos que el dinero?. El dinero viene y va, más bien se va más rápido de lo que viene, pero si matas a alguien, no hay forma de recuperar esa vida. ¿Vas a causar dolor sólo por tu egoísmo?.

Mis emociones estallaron, sin resultado, le estaba hablando al viento. Por primera vez lo miré como un extraño. Él sólo estaba allí, sin expresión alguna, un desconocido.

Sin explicación, ni excusa, se acercó a mi, coloco sus manos en mi cintura, acortando la distancia, no puse resistencia. Creí iba a morir, los latidos de mi corazón resonaban en mis oídos. Mi confesión, me enamoré de él en algún momento, mi confidente me traicionó y se lo dijo. Él nunca me mencionó nada.

Estaba allí, en ese momento, más cerca de lo que había soñado, sintiendo el calor de su cuerpo, su respiración, sus latidos. Sin decir palabra, acerco su rostro al mío en busca de mis labios. Lo peor, no quería resistirme, rechazar aquel cabello muerto castaño, ojos almendrados, labios que invitaban a besarlos, piel apenas bronceada por el sol de nuestra tierra.

Sus labios suavemente acariciaron los míos, sentí como mis piernas deseaban desfallecer… Otra ola de furia me invadió, como fuego entre yerba seca de verano, lo empujé violentamente lejos de mi.

– ¡Eres un aprovechado, oportunista!- el tono de rencor en mis palabras era irreconocible aún para mi. – Abusas de tu suerte, de seguir así, un día muy lejano vas a perder tu vida… si es que esto aún vale algo para ti.-

Sus ojos cobraron expresión, era tristeza, dolor, desesperación… necesidad, desesperanza. Esta vez fui yo quien lo abrazo, me respondió con un abrazo aún mas fuerte, como si intentara que todo mi ser fuera parte de él. Comprendí que el beso no era por abusar la confianza, mis sentimientos o oportunidad. Buscaba algo de mi que ya él había perdido. Sueños, ilusiones, esperanzas… algo, una razón, recordar quien fue.

Escuché que mi hermano gritaba mi nombre, me aparte
él bruscamente, le di la espalda, escuché que sus pasos se alejaban.

Desapareció. Pude verlo dos semanas después, en la portada del periódico, fue víctima de una masacre por drogas, sólo tenía 18 años. Mi corazón se detuvo, luego volvió a latir, se detuvo otra vez, esta vez para sentir como si una filosa espada lo dividiera en dos.

No quería aceptar su muerte, quería pensar que estaba vivo, en lo que pudo haber logrado, en todo lo que se iba a perder, todo los planes que tenia pendientes… Cualquier cosa, ¡oh Dios!, creer cualquier cosa, excepto admitir, que mi amigo, mi amor platónico… ha muerto.

Concurso del Departamento de Español – Tercer Lugar en Categoría de Cuento Corto
Estudios Generales Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras Puerto Rico

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COMPROMISO

Ella lo esperaba ansiosa, ya era tarde. Él dijo que estaría allí a las cinco para comer y porque quería preguntarle algo importante. Eran las cinco y media y él no había llegado. Caminaba, entrando y saliendo de la casa, desesperada,

Al fin escuchó su voz y corrió a recibirle, el insulto se convirtió en sonrisa al verlo. Lo invitó a pasar, le sirvió refresco. Ya llevaban un año de novios, la cosa parecía ir en serio. Lo abrazó, lo besó. Él acababa de conseguir empleo en el Hotel de Fajardo como Contable.

– Ángela, quiero preguntarte algo importante…Quiero saber si…

Fue interrumpido al escuchar un auto llegar.

– Son mis padres. José, ¡dime!, ¿qué quieres saber?.- le apresuró.

– Espera a que entren tus padres, quiero hablar con ellos también.-

Ángela al escuchar que los papás entraban, se desesperó.

– Pregúntame, ¿qué es?. ¡Avanza!. Tengo que irme- le suplicó.

– Solo quería saber… si tú… bueno…

– ¿Qué si me casaría contigo?- adivino ella con una sonrisa extraña. El palideció y con un gesto le indico que esa era la pregunta.

– Claro que sí- exclamó Ángela y le dio tremendo beso de alegría. – ¡Ahora podré morir en paz!

Él rió contagiado de la alegría de ella. También algo aliviado de que no fue rechazado.

Al escuchar la voz del papa de Ángela, él se levantó del sofá. El Papá lo atajo con una pregunta fría y cortante, -¿Quién te dejó entrar?, ¿como entraste aquí?.

– Ángela me dejó entrar- respondió José sin saber que hacer, no se suponía que estuviera sólo en la casa con Ángela. Su vida estaba en peligro…

– ¿Ángela?- entonces fue el papá de Angela él que palideció y se sentó urgentemente. José busco a Angela con la vista y ella no estaba, ¡donde se meten las mujeres cuando se les necesita!.

– Sí, Ángela. Le pregunté si deseaba ser mi esposa y me dijo que sí – se escuchó un sonido fuerte, en esos momento la mamá se desmayó y el papá balbuceo:

– ¡Es imposible!. Angela murió ayer. Su sistema respiratorio se detuvo. La dejamos ahora en la morgue para la autopsia. – dijo con voz temblorosa.

José se rió, una carcajada nerviosa, incrédula. Buscó a Angela por toda la casa, no la encontró.
Salió a buscarla, han pasado uno, dos meses, tres meses… y él no ha vuelto..

Quizás fue que la encontró y San Pedro fue su padrino de bodas.

Publicado en la Revista “CONTORNOS”
UNIVERSIDAD DE PUERTO RICO
PROGRAMA DE ESTUDIOS DE HONOR
Publicado 1993 Vol. X número. 1

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