Misterio

“La vi mientras su auto se deslizaba por el pavimento y finalmente chocaba destrozando la baranda. Escuché su grito desgarrador apagado por el estruendo del carro al estrellarse. El auto se volcó, sólo deteniendo sus alocados giros al estrellarse entre los arboles de aquel barranco. Detuve mi auto. Estaba espantado, quedaba en mi memoria el brillo de unos ojos cafés aterrados que llegaron a hacer contacto con los míos. Bajé del auto para ir por el barranco a ayudarla…

¡No hallé nada!. Subí el barranco, era apenas mediodía, ¡no poda ser un fantasma!, ¿me lo imaginé?. Al revisar la baranda, noté que no estaba rota. Al ir a mi auto, no lo encontré. ¡Me habían robado!

¡No podía creerlo!. Luego era más el coraje que la preocupación de resolver el misterio. Comencé a caminar sin saber hacia dónde iba. Un auto se detuvo y sonó la bocina. Al mirar, vi a la muchacha de los ojos café, estaba conduciendo mi auto. Sonreía maliciosamente, se bajó del auto y desapareció en una carcajada. En ese momento comencé a creer en los fantasmas. Me monté en el auto y arranque a las millas. En el asiento del pasajero vi una bolsa que creo ella había dejado…” – interrumpió su relato, puso sus manos sobre su rostro, moviendo la cabeza en signo de negación.

“¿ Y qué pasó?. ¿Qué había en la bolsa?” – se atrevió a preguntar uno de los que tan atentamente le escuchaban.

“Toda la mierda que les he contado” – removiendo las manos de su cara sonriendo con malicia.